lunes, enero 29, 2007

Un ruiseñor preso en la red de un cazador

cantó con más dulzura que nunca,

como si la fugaz melodía

pudiera volar y apartar la red.

Al anochecer, el cazador cogió su presa.

El ruiseñor jamás su libertad.

Todas las aves y todos los hombres tienen que morir,

pero las canciones pueden vivir eternamente

(Ken Follet-Los pilares de la tierra)